Las madres son unas máquinas que tienen respuestas diferentes a demandas iguales (según el momento y quién le haga la demanda). Son muy útiles pero es recomendable usarlas sólo cuando sea imprescindible para evitar que se rompan.
Este lenguaje mecanicista rechinará en los oídos del 90% de los lectores pero igualmente deberá aceptar hasta qué punto tenemos una actitud utilitaria ante un personaje tan significativo en nuestra existencia.
Durante nuestra infancia nos escudamos en la ignorancia y la inocencia; durante nuestra adolescencia nos escudamos en nuestro descontrol temperamental provocado por causas hormonales ajenas a nuestra responsabilidad; durante la adultez nos escudamos en que a ella le encantan los niños y a éstos les gusta jugar con la abuela.
Siempre con un espíritu humano, cariñoso, lleno de amor, le escribimos poemas, le cantamos un tango, pero ¡que la usamos, la usamos!
El día que usted acepte esta triste realidad recién estará en condiciones de empezar a comprender por qué, con más razón, usamos a personas menos significativas que nuestra propia madre (cónyuge, amigos, empleados, etc.).








