Hay muchos
motivos por los que las matemáticas son desagradables para el 90% de la gente. Uno de ellos es que se trata de un pensamiento que conduce a una única conclusión y prohíbe cualquier voluntarismo o capricho.
Cuando dije «uno de los motivos» no dije que fuera el más importante. Pero insisto en que este motivo existe y aseguro que prácticamente nadie repara en él.
Las demás disciplinas que habitualmente estudiamos permiten superar las dificultades con un esfuerzo de memoria (historia, geografía, derecho y otras). A partir de la tecnología Windows, se podría decir que se resuelven con las funciones «copiar y pegar». El estudiante dice: «lo leo mil veces, me lo fijo en la memoria, lo repito como un loro y me aprueban».
Los usos de la memoria comprometen escasamente la psiquis del estudiante, mientras que la matemática nos enfrenta (entre otros desafíos) a que nuestro pensamiento llegue a una (y sólo una) única solución. El rigor requerido en esta práctica puede condicionar nuestro cerebro para que luego nos informe sobre cosas que nuestro deseo prefiere ignorar.
Un ejemplo burdo: la matemática me obliga a pensar que dos y dos son cuatro, con lo cual después tendré que aceptar también que la suma de todos los gastos que yo desee hacer debe ser igual (o menor) a mis ingresos. Esta maldita condición me prohibirá —cual sádico tirano— que pueda comprarme todo lo que se me antoja.
Cuando intuimos esta situación, terminamos decidiendo estudiar cualquier cosa que nos aleje de este antipático tirano.
que «El capital es cobarde».
s nos mortifican a todos.



