La señora se mira en el espejo el moretón del cuello y sonríe. Luego amplía un poco más el escote, observa el enrojecimiento de sus senos y sonríe. Se mira los brazos y cerca de los hombros aún conserva la marca de unas manos de hierro que la atenazaron y sonríe. Mira la papelera llena de ropa de entrecasa destrozada y sonríe.

El señor había llegado a media tarde porque terminó anticipadamente su tarea y parecía una fiera enardecida, con los ojos inyectados de sangre, un fino hilo de saliva deslizándose por la comisura derecha, mirando hacia un lado y otro en actitud agresiva y despiadada, finalmente encontró lo que buscaba.

La señora que sollozaba apaciblemente junto con una comediante venezolana, se sobresaltó ante lo inusual de la escena y en segundos su vida se transformó en un verdadero infierno.

La posesión endemoniada de este empleado de oficina que estuvo casi toda la mañana pensando apasionadamente en cómo quería tener sexo con su esposa, finalmente pasó a los hechos cuando llegó a su casa y descargo con furia su deseo descontrolado sobre una mujer que no demoró nada en sumarse a esta locura a dúo.

Todo esto es fantástico, pero nuestra cultura lo considera aberrante, desproporcionado, patológico, desubicado, psiquiátrico. ¿Qué puede esperarse de un ser humano cuyas ganas de vivir a pleno están apagadas por una idiosincrasia oficial que estaría muy bien para el reino vegetal pero que es alienante para cualquier mamífero?

En algunos casos es bueno no tener palabra de honor. Esto es importante de recordar porque se nos ha dicho que siempre hay que mantener la palabra empeñada. Pero esto no es así.

Un ejemplo proverbial es el que dice: «Nunca hay que decir de esta agua no beberé».

Popularmente entonces, hay promesas que no se deben hacer.

Si alguien da su palabra de que nunca cederá a ciertas tentaciones, está cometiendo un error porque esa tentación puede ser, por ejemplo, dar su voto a un partido político con el que nunca estuvo de acuerdo.

Algún día usted puede reconocer que «las cosas han cambiado» (usted, ellos, la situación), usted puede sentir que ahora sí le gustaría votarlo y si se lo niega, entonces no está cumpliendo su palabra sino que está actuando en base a un capricho, lo cual no es elegante en un adulto.

Alguien muy confiable puede prometerle amor eterno a otra persona y luego, por no traicionar la palabra empeñada, ya no sabe cómo librarse de ese cónyuge con quien hace años que no tiene ningún punto en común.

Puede sentir que es aberrante participar de ciertas prácticas sexuales, pero si las analiza con cabeza fría se entera de que en realidad no son tan dramáticas como usted las veía cuando se juró a sí mismo que eso nunca lo haría.

El psicoanálisis le puede dar infinidad de ejemplo de personas que, por no hacer una cierta cosa, hacen otras sustitutivas pero más perjudiciales.

En resumen: está bien ser honorable, confiable, previsible, pero si se pasa de la raya y se convierte en obcecado, necio y caprichoso, ahí ya tiene algo para corregir.

El hombre que posea un cuerpo robusto, alto y con rasgos armoniosos, es más que probable que sea atractivo para las mujeres y también para los hombres, ¿por qué no?

Anda por ahí una teoría de que la mujer elige al hombre intuitivamente, detectando la mejor mezcla genética para su prole.

Pero también es cierto que muchas mujeres son sensibles a la capacidad oratoria. El hombre que tiene un buen dominio del idioma, del habla y de la oratoria, puede darse el lujo de no estar tan pendiente de su apariencia física.

Les cuento que el idioma tiene una significación en segundo plano que, por ser menos evidente, pasa desapercibida.

La mujer busca en realidad un buen semental para tener hijos hermosos. La palabra semental es pariente de las palabras semen y semilla y éstas también están muy vinculadas con semántica (parte de la lingüística que estudia el significado de las palabras).

Conclusión: tanto los hombres físicamente hermosos como los lingüísticamente más talentosos, califican bien en las preferencias del las damas.

— … claro, ahora que llegamos al gobierno podremos poner en práctica las ideas que tenemos elaboradas desde que nos formamos como partido político.

Yo no sabía cómo ganar dinero con mi invento hasta que tuve la suerte de conocer al psicólogo social Bermúdez que es un maestro manipulando el deseo de la gente.

Nuestra campaña del primer período consistió en generar la mayor disconformidad posible sobre todo lo que fueran temas económicos. No solamente que Bermúdez se las ingenió muy bien para que los sindicatos fueran especialmente agresivos en sus reivindicaciones salariales sino que conseguimos inversionistas muy poderosos —extranjeros, por supuesto— que nos prestaron los recursos para una publicidad muy intensa en todos los medios.

Esta campaña que nos dio el triunfo hizo especial hincapié en la promesa de rebajar los impuestos 19%. Esta cifra quebrada le da credibilidad a la promesa. Aún cumpliendo esta promesa ganaremos muchísimo dinero porque gracias a mi invento nos quedará libre todo lo recaudado. Con eso pagaremos los intereses a los inversionistas extranjeros y nos alcanzará para que nuestras campañas publicitarias impidan que otros lleguen al gobierno.

El invento es muy sencillo: determinaremos qué números saldrán a la lotería aunque la sensación de azar que dan las bolillas voladoras seguirá estando. La apariencia es idéntica, sólo que las bolillas emergentes del torbellino de aire están predeterminadas electrónicamente. Un simple efecto de ilusionismo.

Todo el mundo sabe que los pozos acumulados son los que aumentan las apuestas y a partir de ahora acumularlos será muy fácil. También es sabido que los que sacan el premio mayor nunca quieren darse a conocer, por lo tanto si nos quedamos con él, nadie sospechará. Cada tanto haremos que algún ciudadano común logre un premio atractivo y «por error» se filtrará la información a los medios.

La mayoría del dinero lo haremos llegar a los pobres que son los que más juegan a la lotería y por lo tanto mantendremos un grado de bienestar con la seducción que genera todo gobierno de corte populista como el que ya tiene diseñado Bermúdez. Este invento no tiene falla y nos sirve a todos. No tenga duda.

¿Qué le parece, le gustaría comprar el invento para aplicarlo en su país?

— Déjeme consultarlo. En una semana le contesto.

— De acuerdo. Disculpe el examen médico tan invasivo pero nos cuidamos de una grabación no autorizada. Ya puede vestirse Monseñor.

Estaremos casi de acuerdo en que el dinero funciona como una mercadería con la cual se pueden realizar trueques más variados que con cualquier otra.

Si usted está al tanto de los precios, habrá notado cuánto varían algunos de ellos. Por ejemplo, las frutas y verduras son más baratas en el período de su cosecha.

Como en nuestras economías de mercado la mayoría de los precios se rigen por la oferta y la demanda, cuando algo abunda baja el precio y cuando escasea aumenta.

Como el dinero es una mercadería, también cambia su valor.

Los precios del dinero dependen de muchos factores pero es muy difícil darnos cuenta cuándo cambió y casi imposible saber por qué cambió. A veces podemos pensar que si la cotización de una moneda estable (como el dólar o el euro) cambia es porque en realidad fue nuestra moneda la que modificó su valor.

Como es una mercadería y su precio se modifica por la oferta y la demanda, nuestro dinero pierde valor si abunda y se encarece cuando escasea.

El dinero puede abundar porque el gobierno aumenta la emisión (imprime y hace circular más billetes) y puede escasear porque mucha gente deja de comprar por algún motivo (recesión, temor, estímulo del ahorro).

Si usted se preocupa porque no se da cuenta cuál es el verdadero valor del dinero que tanto trabajo le cuesta conseguirlo, no se preocupe, nadie lo conoce realmente porque en definitiva los mercados tienen comportamientos imprevisibles y pueden cambiar su actitud de un minuto para otro.

La vida sin la pasión, no sería vida; sería un largo bostezo desde la cunita a la tumbita.

¿Qué caracteriza a la pasión que es tan esencial para darle vida a la vida?

El rasgo esencial de la pasión es que, dejándonos llevar por ella, tanto podemos tocar el cielo con las manos como sentirnos un gusano desprestigiado.

Reformulo el párrafo anterior: ¿Qué caracteriza a la pasión que es tan esencial para darle vida a la vida?

Respuesta: El rasgo esencial es el riesgo terminal.

La muerte trágica es el gran resorte de la pasión:

— los accidentes de tránsito aumentan la venta de automóviles;

— los desmanes en el fútbol, traen hinchas a las canchas;

— una infelidad matrimonial es un masaje cardíaco;

— el sexo casual sin preservativo es un deporte extremo aeróbico;

— si no ganara el toro de vez en cuando, el arte taurino habrían dejado de existir;

— la posibilidad de una ruina económica, estimula las inversiones más lucrativas.

Sin pasión no hay vida porque no hay vida sin muerte.

¿Cuándo pecamos por indiferentes y cuándo por demasiado pegajosos?

Las empresas de servicios (gastronomía, turismo, publicidad, motores de búsqueda en Internet, funerarias, medios de comunicación, …) hacen esfuerzos enormes investigando sobre cuál es el punto justo para no caer en un extremo.

Todos queremos ser muy amados.

También es cierto que el sueño de cualquier ser humano es ser querido y que lo mimen sólo cuando está de humor para recibir caricias y que lo dejen tranquilo cuando quiere estar solo.

Esta aspiración universal se presenta con un aire de tanta sencillez, banalidad, y de sentido común, que cuando algo nos sale mal no podemos detectar dónde nos equivocamos.

A partir de leer este artículo usted podrá ser más tolerante con los desencuentros sociales de cualquier tipo.

Se acordará de mí porque le aseguré enfáticamente que acertar en cómo tratar al otro para que nos prefiera y nos ame eternamente es algo casi imposible.

Nos queda el consuelo de saber que haciendo un esfuerzo por ser agradable en algo pueden mejorar nuestros vínculos, pero no olvidemos que siempre será menos de lo que uno esperaría.

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En otro artículo comenté el «efecto halo» (cuando nuestro pensamiento nos lleva a suponer, por ejemplo, que si algo nos gusta entonces es bueno). Por este mismo efecto halo, algunos productos o servicios prometen ventajas que en realidad son inútiles.

Por ejemplo, en la competencia que existe entre las empresas que tratan de retener a los mejores empleados, están ofreciendo el pago de una cirugía para cambio de sexo.

Este beneficio no sólo atraerá a quienes deseen usarlo sino que también, por efecto halo, atraerá a otros que nunca lo aprovecharán, pero que sin darse cuenta están suponiendo que esta es una empresa para la que vale la pena trabajar.

Entre los expertos en publicidad se conoce mucho sobre esta particularidad de nuestra forma de reaccionar. Sin ir más lejos, no es por casualidad que la clásica botella de Coca Cola evoca el cuerpo femenino.

Nota: La imagen corresponde a la actriz argentina Isabel ‘Coca’ Sarli (1935- ), que protagonizó películas eróticas durante tres décadas.

El artículo posesivo «mi» significa cosas muy diferentes si se usa en la frase «mi brazo» que si se usa en la frase «mi marido».

Pero esta obviedad viene con trampa.

Nuestro deseo aspira a igualarlas porque le resulta más conveniente y gratificante.

La obediencia y fidelidad que yo espero de «mi marido» es casi la misma que espero de «mi brazo», y acá ya empezamos con desentendimientos, discusiones, peleas, frustraciones, desilusiones, reclamaciones y hasta algún divorcio.

Para quienes le dedicamos más tiempo que nadie a estudiar el funcionamiento psíquico es bastante claro observar cómo nuestras expectativas esperan de algunas personas respuestas que son propias de lo que un amo esperaría de «su» esclavo, de «su» perro, de «su» brazo.

«No me hace caso», «hace lo que se le antoja», «se cree que sigue soltero», «no me respeta», «me es infiel»… son quejas de alguien convencido de que el otro le pertenece porque aquel tramposo artículo posesivo «mi» lo ayudó a sostener la fantasía de que es posible apropiarse de un semejante

El «efecto halo» es un defecto de fábrica que tiene nuestro cerebro y que nos hace suponer que una mujer bonita, por ejemplo, sería una excelente esposa.

El psicoanálisis lacaniano enfoca el tema desde la lingüística y estudia el uso de la metonimia. Esta palabra significa que uno confunde una parte con el todo. Se dicen «se vendieron 500 cabezas de ganado» cuando se quiere decir que se vendieron 500 vacas enteras.

El efecto halo que más me llama la atención es el que nos lleva a suponer que una persona que habla o escribe bien, es un sabio capaz de liderar, de gobernar, de conducir a su pueblo a la felicidad duradera.

Es un defecto cerebral. Así como cuando al ver una persona chiquita sabemos distinguir si es enana o simplemente está lejos, estaría bueno aprender a discernir cuándo estamos siendo engañados por este defecto universal de la psiquis y cuando no.

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