payaso contrariadoLos países avanzan luchando contra las dificultades en todos los frentes posibles. Uno de esos frentes son las inversiones en investigación para que su ventaja comparativa (ganadería, industria petrolera, turismo) pueda desarrollarse en todo su potencial.

 

La otra forma de luchar contra las dificultades es procurar que los ciudadanos tengan las máximas oportunidades y acceso a los recursos productivos.

 

¿Y por qué digo en el título «Dificultar las dificultades»? Porque las personas en general tratamos de conseguir lo máximo haciendo el mínimo esfuerzo. Así es nuestra especie. Para poder tener cierto éxito en el crecimiento humano de una nación hay que llegar al extremo de ofrecerles a los ciudadanos ventajas tan convenientes que se les vuelva vergonzoso rechazarlas.

 

Cuando a nuestra natural indolencia se le presenta un ámbito lleno de dificultades, incertidumbres, complicaciones burocráticas, escasez de crédito, costos tributarios desmoralizantes, lo que los seres humanos hacemos es protestar en voz alta contra todas esas dificultades, pero alegrándonos íntimamente porque nos están ofreciendo un buen pretexto para quedarnos tranquilos, haciendo el mínimo esfuerzo y no teniendo que soportar la humillación de que la responsabilidad de nuestro fracaso sea exclusivamente propia.

 

Los gobiernos que logran ofrecerle al ciudadano las mejores condiciones para su desarrollo humano cuentan con la sorda resistencia de quienes prefieren contar con pretextos para no complicarse la vida aunque su confort sea escaso. Esta resistencia la vencen sólo los mejores gobernantes.

 

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Lisa descansa y Bart estudiaEsta es una teoría que ya la habrán planteado otros pero nunca me enteré y si lo hicieron, es imposible que la hayan descrito como lo haré seguidamente:

Ella (la teoría) dice que los seres humanos tenemos dos etapas bien marcadas en nuestras vidas de relación:

Durante los 3 primeros años nos quieren porque si, porque existimos, porque somos. Los 97 años siguientes nos quieren por lo que hacemos, por lo que servimos, por lo que trabajamos, por lo que aportamos.

Ese primer tramo de aproximadamente 3 años, el niño no hace más que satisfacer sus necesidades a costa de los adultos: come, duerme, juega y los adultos, los alimentan, le proporcionan lo que necesita a cambio de nada. Luego empieza el período escolar y ahí empiezan la etapa en la que el ser humano tiene que dar cumplimiento a una serie de tareas y asumir ciertas responsabilidades porque los servicios que recibe (repito: comida, abrigo, etc.), no es que estén estrictamente supeditados a su conducta estudiantil, pero él teme que si no se porta bien, dejarán de quererlo.

Lo cual es bastante cierto porque los niños son queridos de diferente manera según cuán gratificantes son para la persona que los ama. Algunos son más queridos que otros y cualquier alegato hacia el igualitarismo es demagógico.

A tan tierna edad los niños empiezan a negociar (con sus pares y con los adultos, con el formato «yo hago esto si tú haces esto otro», «te presto esto si tú me prestas aquello») porque se les terminaron las vacaciones pagas a una temprana edad.

Así son las cosas. Comenzamos con un breve y maravilloso comunismo y terminamos viviendo en un calvario capitalista.

fanfarronEl diálogo sobre lo que esa persona piensa comprar suele recorrer todos los temas más importantes: Marca, prestaciones, garantía, posibles colores y tamaños. Sobre el final, casi como un dato accesorio surge la pregunta ¿cuánto cuesta?

 

Un comprador que se precie de inteligente tiene organizadas las preguntas en orden de importancia, por lo tanto es fácil comprender que el precio es lo que menos le importa.

 

Lo mismo sucede para la contratación de un servicio (abogado, médico, arquitecto, odontólogo, escribano, etc.).

 

Por qué algo tan desesperadamente importante como el desembolso de dinero que tendríamos que hacer en caso de concretar la compra, se ubica en un triste final, queriendo demostrar con ese gesto que para el consultante éste no es un dato relevante.

 

Pensemos en un caso en que este dato realmente no sea un dato importante: Un millonario como Bill Gates, alguien que termina de cobrar una herencia inesperadamente grande, otro que sacó el premio mayor de la lotería y pocos casos más.

 

Como estos casos son demasiado poco frecuentes, tenemos que barajar otras hipótesis. Arriesgo algunas para que usted evalúe si estoy muy descaminado. El comprador que nos preocupa:

 

Quiere hacer creer que es millonario.

Quiere hacer creer que a él no le cuesta nada ganar dinero.

Quiere hacer creer que el dinero es una cosa que no le importa mucho.

Quiere hacer creer que si el objeto o servicio le sirve, paga por él lo que sea.

Quiere hacer creer que es de los pocos que son muy ricos y muy humildes.

Quiere hacer creer que si no lo compra es porque el objeto o servicio no colma sus expectativas, que son muy altas por la sencilla razón de que es casi perfecto, … aunque no lo parezca.

 

Se me deben estar escapando algunas otras opciones pero quiero hacer creer que no soy exhaustivo.

 

matrimonio

La matemática es una construcción exclusivamente humana. Si no existiera el ser humano no existiría la matemática.

Ella es muy psicológica porque todas sus construcciones son exclusivamente mentales: razonamiento, deducción, inducción,… sin embargo, los profesionales psi solemos ignorarla tanto como a la astronomía, como si la matemática no tuviera nada que ver con la psiquis.

El único profesional psi que la estudió en profundidad fue Lacan ¡y así le fue! Hoy en día es admirado por unos pocos y denostado por la mayoría. ¡Paradojas de la vida!

Este rodeo es el prólogo de un tema diferente. Con criterio matemático propongo sustituir la palabra amor por la expresión «me sirve».

Si con criterio amplio, libre de ataduras culturales, éticas, religiosas, románticas o de cualquier tipo, me permito pensar que sólo amo a quien me sirve, me provee, me aporta, me da ganancias, placer, seguridad o cualquier otra cosa que yo necesite, el resto de mis valoraciones cambian mágicamente de lugar y la vida adquiere otro diseño muy diferente al convencional, al clásico, al común, al normal.

La conveniencia puede ser tangible o intangible: Me sirve una mascota porque es hermosa, me sirve un hijo porque me veo representado en alguien más joven y que vivirá después de mi muerte, me sirve un proveedor porque me facilita mercadería “buena, bonita y barata”. Cambiando los términos: amo a mi perro, a mi hijo, al almacenero.

camion de basuraAlgunos trabajos son más feos que otros.

Para mí el trabajo más feo de todos es el de conducir un camión atmosférico o barométrica. Estos trabajadores vacían los pozos donde se acumulan los excrementos humanos de las casas que no acceden a la red cloacal pública.

Otro trabajo desagradable es el de basurero o recolector de residuos domiciliarios. En este caso, si bien es un trabajo relativamente saludable cuando tenemos en cuenta que muchas personas hacen el mismo ejercicio físico pero sólo para cumplir con un propósito aeróbico, en este caso —repito— el problema es más de prestigio social porque una mayoría piensa que es un trabajo sucio, poco digno, de baja categoría.

Pero si bien la categoría social que tenga una actividad no es lo que nos da de comer diariamente, tiene mucho peso en nuestra conformidad o disconformidad.

Seguramente las enfermeras cuentan con un prestigio social superior a los trabajadores de las barométricas o los recolectores de residuos domiciliarios, pero en la práctica tienen un contacto con la suciedad mucho más estrecho y continúo. La higiene de enfermos, de niños y ancianos las obliga a manipulaciones seguramente más asqueantes.

Pero ahora observo con sorpresa que muy pocos trabajadores tienen más prestigio social que los médicos y sin embargo están en permanente contacto con la enfermedad y con la muerte que, si lo evaluamos con independencia de criterio, es mucho más desagradable que operar una máquina que extrae excrementos de un pozo o que tirar en un contenedor la basura envuelta en bolsas de polietileno.

Jinete con rebenqueExiste literatura sobre explotación del hombre por el hombre de la época que usted pida. En nuestra privilegiada especie siempre alguien está explotando a otro.

Simultáneamente a este abuso se ha producido siempre una resistencia, algún intento de rebelión que ha puesto en movimiento la agresividad, la inteligencia y la exposición al riesgo de los injustamente sometidos.

Se han venido haciendo progresos en éste último sentido pero ¿con qué nos encontramos? Con que los despóticos opresores también han ido mejorando su metodología para proseguir con su siniestra actitud.

Uno de los síntomas de la explotación es el agotamiento de la víctima. Más específicamente aparecen dolores, insomnio, taquicardia, baja autoestima, ansiedad, falta de concentración, agresividad, paranoia, distanciamiento afectivo, y muchos otros fenómenos por el estilo.

Quizá la metodología más sofisticada que han encontrado los opresores es el anonimato, el ejercicio de la presión indirecta.

Ésta consistiría en generar condiciones para que el trabajador esté poseído por un afán de trabajo desmedido, por la búsqueda de objetivos muy ambiciosos, por una actitud tan competitiva que la propia víctima se auto flagela… igual que los esclavistas golpeaban con un látigo a los esclavos, como un jockey chicotea al caballo, los explotados se auto flagelan sobreendeudándose, gastando más de lo que ganan, comprando bienes y servicios fuera de su alcance y hasta de su necesidad.

Niño con casco

Cuando una mujer queda embarazada incorpora a su vida una responsabilidad muy grande que es la de cuidar a esa nueva vida, haciendo lo único razonable que puede hacer: ¡Cuidarse a sí misma!

Tratará de no tener disgustos, de llevar una vida tranquila, evitará todo tipo de excesos. Si tiene alguna afección tendrá que consultar a un médico y guiarse más estrictamente que nunca por sus indicaciones porque ahora son dos vidas las que están en juego, una de las cuales es particularmente vulnerable.

¿Estamos de acuerdo? NO. No estamos de acuerdo.

Es probable, (y usted piénselo y después hablamos), que justamente si una mujer queda embarazada es porque está naturalmente en condiciones de salud adecuadas para estarlo ya que la naturaleza, con millones de años de evolución, se equivoca mucho menos que un ser humano que estudió durante 15 años y que lleva otros 15 años de experiencia. Treinta años contra millones de años no se pueden ni comparar.

Las propias condiciones de gestación permiten pensar que la mujer no tiene que tener cuidados especiales porque haciendo vida normal todo proseguirá normalmente. O sea que la mujer embarazada no tiene que cuidarse más que como se cuidaba antes de estarlo. Tampoco tiene que comer por dos como se deduce matemáticamente porque el embarazo forma parte de la persona y si aumenta diez quilos de peso no significa que tiene que comer diez quilos más de alimentos en el transcurso de nueve lunas.

A tal punto es natural y normal la situación que me animaría a decir (exagerando apenas), que cuando una mujer está embarazada es ella la que está protegida por su bebé.