felicidad

¿Por qué decimos «la esperanza es lo último que se pierde»?

En apariencia es un lema estimulante, para dar ánimo. Está bien, puede ser que lo sea, pero hay algo más.

Si nos apegamos a la realidad por todos comprobada, lo último que se pierde es la vida, pero si logramos ponernos de acuerdo en que lo último que se pierde es otra cosa diferente a la vida, podemos alentar la creencia de que la vida no se perderá. De ahí a concebir la inmortalidad estamos a un paso.

Si usted cree en alguna parte de su cerebro que es inmortal, vivirá postergándolo todo, como si hacerlo ahora y dentro de un año fuera lo mismo.

Tener presente que la vida tiene un final sirve para no postergar, especialmente los placeres. Sirve también para no hacer ahorros que luego no tendrá tiempo ni ganas de disfrutar. Es útil para poder pedirle con firmeza persuasiva a quienes tienen que hacer cosas por usted que objetivamente no es lo mismo ahora que dentro de una semana. Es útil conocer la existencia de un final irreversible para disfrutar con mayor intensidad cada cosa de lo que ahora sucede.

Entre sostener la absurda idea de que justo a nosotros nos tocó en suerte la inmortalidad y reconocer —con una molestia inicial que después se va yendo de a poco— de que esta vida tiene un tope, es preferible esta última opción para disfrutar cada minuto como si fuera el último.

 

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