Abuelo y nietoImagínense que ustedes se compran un auto grande, con un buen motor, una carrocería amplia, cómoda, una caja trasera suficientemente amplia como para mudar los muebles de su casa cada vez que cambie de domicilio. Estoy hablando de un vehículo muy funcional. Lo más importante es que para ustedes ese carro es imprescindible porque lo necesitan para trabajar. Sin él no podrían subsistir.

Ahora que ya les di pautas para que ustedes se imaginen cómo es su medio de transporte y les informé que ustedes lo usan para trabajar, les modifico los términos para que me acepten transitoriamente una comparación importante: ese vehículo es el inconsciente.

En él están los aspectos principales de su psiquis: instintos, impulsos, deseos, vocaciones, anhelos, temores, respuestas automáticas. Todo lo que nuestra especie ha ido aprendiendo a lo largo de millones de años de evolución. Gracias a ese inconsciente lleno de maravillosos mecanismos, de sofisticado y perfeccionado instrumental usted comienza la vida en condiciones de tener una existencia humanamente feliz.

Pero qué sucede a medida que va viviendo. La capacidad que tiene esa gran herramienta-vehículo le permite guardar en él algunos objetos que le molestan, que se le atraviesan en la vida y que de no guardarlos ahí, estarían estorbándole permanentemente.

Claro que aquel vehículo perfecto cuando no tenía una carga muy pesada en su espacio libre, andaba muy bien, aceleraba rápidamente, frenaba con eficiencia, tomaba las curvas sin inclinaciones preocupantes. Desde que tiene que arrastrar ese peso extra el desempeño ha bajado mucho al punto que en cierto momento usted empieza a sentirse mal, no puede trabajar y no puede hacer muchas otras cosas porque su vehículo-inconsciente está sobrecargado de objetos que usted no sabe que alguna vez puso ahí.

Desprender y desalojar esos objetos pesados (recuerdos penosos, traumas, preconceptos, rencores, miedos, asociaciones de ideas absurdas, mitos, y otros materiales inconscientes, o sea que no se sabe que están ahí), lleva su tiempo pero sólo el psicoanálisis puede lograrlo.

Ser joven depende de su edad, pero funcionar como un viejo depende de cuanta cantidad de trastos inútiles guarde en su inconsciente. Por eso es que hay viejos que parecen jóvenes y jóvenes que parecen viejos.

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