Detective

Pesquisemos cómo sucedieron los hechos.

1) Su mamá le hizo saber que lo amaba y usted, a partir de ahí le dio a la palabra “amor” un significado específico, claro, personal, incuestionable.

2) Su mamá le hizo saber que ella se sacrificaba mucho para que usted estuviera bien, para que no le faltara nada. Ella se privó de muchas cosas para que usted fuera feliz. A partir de ahí usted asoció que el significado específico de la palabra “amor” incluía que el otro debe sacrificarse por el ser amado. Es más, sin sacrificio del amante el amor no es amor.

3) Usted llega a grande con un capital verbal bien prolijo, lleno de palabras y su correspondiente significado. Conoce lo que significan esas palabras según el diccionario pero sobre todo según lo que usted entiende que significan. NO TIENE NINGUNA DUDA, por lo menos en palabras tan importantes como «amor».

4) Se enamora perdidamente de una mujer maravillosa, que casualmente es dueña de una fábrica de automóviles de lujo. Al cumplir el año de noviazgo usted le envía a ella un hermoso ramo de doce rosas rojas: una por cada mes de pasión. Este ramo de flores usted lo paga usando su tarjeta de crédito y en dos cuotas sin recargo. El regalo de ella consiste en un automóvil de los que ella fabrica, pero edición especial.

5) Usted, cuando logra salir de su asombro, se siente mal. ¡Pero muy mal! Lo primero que piensa es que esa relación no puede durar porque las diferencias socio-económicas con su novia son insalvables. Nota con mucha tristeza cómo esta revelación lleva a su apasionado amor por ella a temperaturas varios grados bajo cero.

6) Se perderá de disfrutar del amor de su vida porque en vez de evaluar que usted tiene un concepto de amor asociado al sacrificio de quien lo ame (y supone con razón que a ella no le costó ningún sacrificio mandarle uno de los autos que fabrica), está pensando que las diferencias socio-económicas son insalvables.

Este es un motivo más de por qué el psicoanálisis nos puede enriquecer, pero no solamente en dinero sino para no perder las oportunidades que nos ofrece la vida y que dejamos pasar porque nuestros criterios dejaron de evolucionar cuando teníamos dos o tres años de edad.

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