Torres gemelasHay muchas religiones y filosofías que prometen la vida después de la muerte. Afirman que nada se termina con el fallecimiento sino que, por el contrario, puede ser que éste sea solo el principio de algo mejor.

Estas ideas consumen para su funcionamiento grandes dosis de esperanza. Al mismo tiempo que esos ideólogos afirman la vida en el más allá, defienden las bondades de la esperanza como si ésta fuera un sentimiento saludable, positivo, digno.

Como cualquier moneda, cada aseveración incluye su contraria. El hecho de que existan suicidas integrados a religiones fundamentalistas vienen provocando desde hace décadas muchos fenómenos terribles que para muchas personas deberían ser evitados. Sólo mencionando los ataques realizados a Estados Unidos en 11 de setiembre de 2001, alcanza para comprender de qué estoy hablando.

Por otro lado la esperanza como sentimiento tiene su aspecto negativo porque quien la posee vive fuera de su época (contando con un futuro aún inexistente).

Quién tiene esperanza puede abandonar lo que realmente tiene para apoderarse de algo que quizá nunca tendrá. También es cierto que los más esperanzados son aquellos que padecen de un temor. Ambos sentimientos se complementan y ahí cabe preguntarse: ¿No sería bueno combatir el temor en lugar de ocultarlo con la esperanza?

Reconozco que estoy proponiendo algo difícil, sobre todo en una cultura que patrocina el miedo y la esperanza de la mayor cantidad de personas, pero usted que me está leyendo, ¿no viviría mejor si pudiera superar los miedos y dependiera menos de la esperanza?

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